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Ser Canal

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Ser Canal

Desde orígenes modestos, un viaje hacia el propósito de 'Ser canal'. Descubre cómo impactar vidas, generar valor y poner tus talentos al servicio del bien común.

Desde muy chica, aprendí que la verdadera riqueza no se mide en monedas, sino en algo mucho más profundo. Esa convicción, forjada en una familia modesta pero llena de lo esencial, marcó mi camino.

Nunca sentí que tuve "mucho", nací en una familia modesta, donde nunca faltó nada, pero tampoco habían excesos. Algunas veces "contamos monedas para llegar" y los gustos hedonistas no tenían mucho lugar. Creo que por eso hoy siento que no necesito mucho tampoco para encontrar paz, y por eso nunca fue un objetivo en mi vida generar riqueza.

Esa base de 'no necesitar mucho' se transformó con el tiempo en la libertad de buscar algo más allá de lo material: mi propósito.

El Momento de la Revelación

A mediados de mi década de los 20, una chispa se encendió: la llama del propósito. Recuerdo vivamente ese día, en un local de bienestar. Una cartelera invitaba a la introspección con una pregunta simple. Sin pensarlo dos veces, casi como un dictado desde la entraña, escribí: "Ser canal".

Fue una revelación, una de esas que te sacuden y te hacen cuestionar todo. Acostumbrada a la razón, a la lógica, esta respuesta emergió de un lugar distinto, más allá de la mente, y creo que fue la primera decisión trascendental que tomé con el corazón.

Los Distintos Disfraces del Propósito

A lo largo de los años, ese propósito fue usando distintos disfraces, desde ayudar a reducir la brecha de género, mejorar la alfabetización digital, promover la sostenibilidad en empresas, y varios más. Pero la base, la raíz de todo, siempre fue la misma: "ser canal".

Para ponerlo en claro, aprendí que lo que realmente me genera una sensación de completitud es estar usando mis habilidades, capacidades y energía en proyectos que impacten positivamente la vida de las personas. Generar cambios reales en personas reales, no mover una aguja en una empresa, o ayudar a que cosas que no tienen este fin se hagan más fáciles.

El Impacto que me Mueve

No hay nada que me mueva más que ver el impacto real de ese 'ser canal' en la vida de las personas.

Me emociono hasta las lágrimas cuando veo el testimonio de esa adolescente que logró independizarse de un hogar complicado muy joven gracias a nuestros talleres de programación que le dimos cuando tenía 13 años. Cuando una madre soltera víctima de violencia doméstica logra recuperar la confianza en sí misma. Cuando una abuela logra encontrar seguridad y autonomía al navegar en un mundo digital que se le fue impuesto muy avanzada su vida.

Esas son las cosas que hacen que mi energía se renueve día a día y siga trascendiendo las penas propias, quiera seguir mejorando como persona, ganando herramientas, superándome como profesional y queriendo expandir cada vez más el resultado que se puede lograr cuando ponemos nuestros talentos al servicio del bien común.

La Autocrítica como Motor

En este camino me generé la oportunidad de trabajar con varios tipos de organizaciones, desde oficinas públicas, grandes empresas, bancos de desarrollo, fondos de cooperación, pequeñas empresas y emprendedores nacientes. En este camino he aprendido que hay MUCHÍSIMO aún para mejorar, para conectar, para hacer, pero que muchas veces somos nosotros mismos los que nos ponemos paredes.

¿Para qué sirve hacer un hogar de mujeres en recuperación si las personas encargadas del proceso no tienen muy trabajado su propio cuerpo emocional? ¿Para qué sirve hacer grandes eventos donde lo más relevante es la marca que sale en la foto? ¿Para qué sirve hacer una investigación cuando la metodología no es realmente incluyente?

Conocer mi propósito y ejercitar la autocrítica no tienen como fin el autoflagelamiento, sino mantener la llama prendida para seguir intentando, seguir logrando, seguir fallando y seguir creciendo a través de todo el proceso.

Porque ¿qué es la vida sino un escenario de juego? Un juego constante, donde con las cartas que se nos fueron entregadas, seguimos partida tras partida aprendiendo y mejorando, con la creencia de que en algún momento, vamos a "ganar la batalla".

Y si algo me recuerda esta bajada de texto espontánea, es que no importa qué carta tenga repartida, si tengo mi propósito presente y la valentía de jugar la mejor mano que pueda con las habilidades que tenga el momento, el proceso de vivir se va a transformar en un camino hermoso donde el final deja de ser más relevante que el simple hecho de Ser.

Lucía Hernández Lettier

Escrito por

Lucía Hernández Lettier

CEO de Metódica. Secretaria de Organización en FIJE. Autista diagnosticada a los 35, construyendo sistemas desde los 15.