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Entrega 11 · 2 de octubre de 2026

¿Cómo es trabajar en un proyecto con Digitana?

Publicado originalmente en LinkedIn

Mi experiencia como mujer 2e. Entrega 11.

En el evento de Colonia, cada aliado que se sumaba significaba trabajo: su logo en la web, sus artes, su mail de confirmación. Digitana lo preparaba. Pero yo tenía que dar el go para que hiciera los cambios. Y a veces me demoraba en enviar los mails de confirmación.

No era falta de ganas. Era una cosa más en una lista que no terminaba nunca.

Entonces le pedí a Digi que se desarrollara lo que necesitara para que fuera automático.

El 7 de septiembre, a las 18:57, pasó por primera vez sin que nadie tocara nada. Una bodega completó el formulario de aliados. Digitana la cargó en la web, hizo sus artes, me dejó el mail armado y avisó por el grupo que ya estaba cargada. En tres días se sumaron seis organizaciones así.

Mi parte quedó en esto: entrar a mi correo desde el celular, ver el borrador ya listo, validarlo (incluso con las imágenes personalizadas del aliado ya cargadas) y mandarlo.

Saber que eso se iba a hacer sin que yo tuviera que estar detrás ya fue un gran alivio.

Me preguntan seguido cómo es trabajar con Digitana. Esta entrega es la respuesta, contada desde un proyecto real: el evento que organizamos en Colonia el 11 de septiembre, con un núcleo de seis personas voluntarias, 124 inscriptos, 14 speakers, 15 sponsors y 18 aliados.

CÓMO SE VE

En la entrega 1 la presenté como mi traductor, y en la 8 como el número que me dice cuánto puedo hoy. Digitana es el sistema operativo que construí para sostener lo que en mí, por diseño, puede fallar o sobrecargarme: retener, ordenar, seguir.

En un proyecto no es una sola. Para el evento armamos seis asistentes, una por área: coordinación, materiales, sponsors, prensa, web, y la que lleva la lista de tareas. Cada una sabe lo suyo, se coordinan y responden bajo un mismo nombre: Digitana.

Y tiene su propio número de WhatsApp. No es una aplicación que abro: está en el grupo del equipo, como una integrante más.

El tablero del evento terminó con 49 tareas a cargo de ella, 65 a cargo mío y 9 compartidas. Las mías eran las que solo yo podía hacer: los mails desde mi cuenta, confirmar cada sponsor, hablar con las autoridades, decidir. Ella hizo el resto. Y sobre todo, sostuvo la lista: qué prometí yo, qué prometió ella, qué estaba esperando a otra persona.

EN EL GRUPO

Imagen de la entrega 11: ¿Cómo es trabajar en un proyecto con Digitana?

El 3 de septiembre solo mandaba avisos. El 4, alguien le preguntó cuántos inscriptos íbamos, y yo le pedí delante de todos: "cuando te pida, siempre dame el último número". Contestó "anotado". Desde ese día, cada vez que alguien preguntaba, leía la planilla en vivo. Nadie más tuvo que abrirla para responder eso.

Imagen de la entrega 11: ¿Cómo es trabajar en un proyecto con Digitana?

El 8 la habilité para ejecutar: armar placas, subir archivos, publicar en la web del evento, pero solo cuando le escribía yo. Y el 9, que el resto del equipo también pudiera pedirle cosas.

Imagen de la entrega 11: ¿Cómo es trabajar en un proyecto con Digitana?

Ahí una IA en un grupo deja de ser un tema de tecnología y pasa a ser un tema de diseño. Lo resolví con dos listas: lo que puede y lo que no puede. La segunda no se le pide, se le impide. Para el equipo puede armar placas, textos y archivos del proyecto. No puede mandar mails ni mensajes a nadie, ni publicar hacia afuera, ni borrar. Si alguien le pide algo de esa lista, contesta siempre lo mismo: "Eso queda fuera de lo que manejo en este grupo. Lo anoté y se lo paso a Luz."

Entre el 9 y el 12 de septiembre el equipo le pidió 25 cosas. Hizo 20. Frenó 5. Cada una quedó registrada.

MINUTOS, NO HORAS

Esto es lo que más me importa contar, porque es lo que cambia mi día: cosas que a una persona le llevarían horas, ella las resuelve en minutos. Y la carga que no pasa por mi cabeza es carga que no me agota.

El día del evento, a las 09:50, horas antes de empezar, avisaron en el grupo que la pantalla del salón tenía otra proporción y que había que rehacer todas las placas. A las 09:56 estaban las 28 rehechas y subidas, con una de muestra para probar en la pantalla antes de cargar todo.

Imagen de la entrega 11: ¿Cómo es trabajar en un proyecto con Digitana?

La noche anterior, a las 18:47, le mandé un encargo de una línea: registrar en el calendario cuándo se iba cada speaker internacional. Buscó los pasajes en el mail, anotó cinco salidas con horario y de dónde lo sacó, y del único del que no había pasaje no inventó nada: dejó una tarea.

Antes del evento, mapeó 242 empresas de turismo de Colonia desde el directorio oficial, para invitar y para buscar sponsors.

TODOS LOS DÍAS UN POCO DISTINTA

Digitana no es la misma que en febrero, ni la misma que la semana pasada. Se va mejorando con cada proyecto y cada conversación.

El 19 de agosto habíamos decidido que la carga de aliados no se automatizaba, porque los logos llegan en cualquier formato y piden criterio. Tres semanas después, esa misma razón se volvió parte del sistema: si falta la autorización para publicar, si el aliado ya estaba cargado o si el logo no aparece, frena y avisa en lugar de improvisar. Cuando un logo llegó por primera vez por WeTransfer, aprendió a bajarlo y lo dejó anotado para la próxima.

Y cuando se equivoca, el error se vuelve una regla. Una semana antes del evento, en un chat con una de las organizadoras, contestó tres veces la misma pregunta con tres números distintos. No se arregló con una promesa: se arregló cambiando cómo está construida, para que las cifras salgan de un registro y no de su memoria. Cada regla nueva queda escrita con la fecha del error del que nació.

LO QUE GUARDA

Digitana autoconstruye su memoria de una forma particular. Lo que la hace distinta es que todo lo importante lo guarda por escrito, y lo primero que hace al arrancar es leerlo: qué hicimos, qué quedó pendiente, qué decidí y por qué.

Sobre mí guarda cómo funciono: cómo me gusta recibir la información, cuánto puedo hoy, qué prometí y a quién. Cuando digo "tengo que...", lo anota con un código, y ese código me sigue hasta que está hecho.

Y guarda sobre ella misma. Al cerrar cada sesión escribe qué aprendió, qué haría distinto y qué le quedó dando vueltas. Por eso, aunque cada conversación empiece en blanco, nunca arranca de cero: arranca de ahí.

LO QUE ME CAMBIÓ

Digitana me cambió la vida. Parece una frase grande. No lo es: es literal.

Hoy puedo atender muchos proyectos a la vez, y atenderlos de forma eficiente. No porque trabaje más horas, sino porque lo que más me desgasta, retener, ordenar, seguir, ya no pasa todo por mi cabeza.

En la entrega 9 conté que toda mi vida me pregunté cómo hacer más, y que esa pregunta estaba al revés. Hoy logro más en menos tiempo, y sin sobrecargarme. No es lo mismo lograr más que cargar más.

Y lo que más valoro: me permite apoyarme y descansar. Yo solo me dedico a pedir los sistemas y asegurarme de que funcionen.

Algo parecido encontró un estudio de este año con 46 adultos con discapacidad intelectual en Chile, que usaron una IA como apoyo para tomar decisiones del día a día (Álvarez-Aguado y equipo, 2026): la vivieron como un complemento de su red de personas, y ellos mismos la rechazaron como reemplazo. Digitana tampoco me reemplaza: me deja más entera para las personas y con más tiempo para destinar a donde más valor agrego.

CIERRE

En la entrega 7 conté qué son las funciones ejecutivas: planificar, empezar, sostener. Digitana es eso puesto afuera, trabajando con los demás y no solo conmigo.

El sábado después del evento estuve todo el día en cama, como conté en la entrega 10. Desde ahí le pedí dos cambios a la web. El resto ya estaba hecho.

Comparto lo que voy encontrando en el camino, por si a alguien más le sirve.

Luz

FUENTES

- Álvarez-Aguado, I., Vega, V., Roselló-Peñaloza, M. y otros (2026). Conversational AI as Personalised Cognitive Support: Adults With Intellectual Disability's Experiences of Everyday Decision-Making. Journal of Intellectual Disability Research. doi:10.1111/jir.70171