
Mi experiencia como mujer 2e. Entrega 7.
"Ay, soy una boluda." La escucho seguido. De mujeres que admiro, que sostienen empresas, familias y proyectos, y que se juzgan todos los días por no funcionar como "corresponde". Otra vez llegué tarde. Otra vez no empecé. Otra vez me olvidé. Otra vez me desbordé por algo chico. Y la conclusión es siempre la misma: el problema soy yo.
Yo pensé una versión de esa frase, pero sobre otra persona, una persona que luego resultó tener TDAH. Conviviendo con esa persona y tratando de entenderle aprendí qué son las funciones ejecutivas y parte del ejercicio fue exactamente ese: dejar de juzgar y entender que todos los cerebros funcionan diferente y tienen distintas capacidades.
Esta entrega es más educativa que las anteriores. La escribo porque veo a demasiadas personas juzgándose (y a otros) contra un funcionamiento que no es el suyo. Y porque lo que me sacó a mí del lugar del juicio (sigue siendo un ejercicio diario) fue entender esto.
DEFINICIONES PRIMERO
Funciones ejecutivas: las capacidades del cerebro para gestionarse a sí mismo cuando no alcanza con el piloto automático. Cuando hay que concentrarse, frenar un impulso, sostener un plan o cambiar de estrategia sobre la marcha. La investigación las resume en tres de base:
- control inhibitorio (tenés ganas de hacer algo, un impulso, y tu cerebro tiene la capacidad de decir que no)
- memoria de trabajo (sostener información en la cabeza mientras la usás)
- flexibilidad cognitiva (cambiar de plan cuando el que tenías dejó de servir).
De esas tres se construyen las de orden superior: razonar, resolver problemas y planificar (Diamond, 2013). Están relacionadas entre sí, pero son separables: una persona puede tener una muy desarrollada y otra muy floja. No existe "funcionar bien" en general. Existe un perfil.
Dicho más simple: las funciones ejecutivas son lo que hay entre la intención y la acción. Querer algo es una cosa. Planificarlo, empezarlo, sostenerlo cuando aburre y terminarlo es otra. Y esa otra cosa no es voluntad ni amor ni carácter: es una capacidad, con variación entre personas y con días buenos y malos.
TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad): una condición del neurodesarrollo, con base biológica, que en la mayoría de los casos sigue presente en la adultez, aunque cambie de forma, y afecta sobre todo la autorregulación: frenar impulsos, sostener la atención, organizar la conducta en el tiempo. Lo dice el consenso internacional de la Federación Mundial de TDAH, firmado por 79 investigadores de 27 países: el TDAH no es un invento moderno, no es falta de voluntad ni de crianza, y no se limita a la infancia (Faraone y equipo, 2021). El nombre engaña: lo que falla no es la cantidad de atención sino su regulación. Quien tiene TDAH puede concentrarse horas en lo que le interesa y no lograr empezar lo que tiene que hacer.
Las seis canastas: el modelo clínico de Thomas Brown describe seis grupos de funciones ejecutivas que suelen estar afectadas en el TDAH:
- activación (organizarse, priorizar y empezar)
- foco (sostener la atención y moverla cuando hace falta)
- esfuerzo (mantener la energía hasta terminar)
- emoción (manejar la frustración y regular lo que se siente)
- memoria (de trabajo y de acceso a lo que ya se sabe)
- acción (monitorearse y regular el propio comportamiento) (Brown, 2005).
Es un modelo pensado para el TDAH; acá lo uso como lupa para cualquier cerebro, porque ordena lo que se ve. No es un diagnóstico: es una lupa.
Autismo y altas capacidades: la investigación muestra que, en promedio, las personas autistas puntúan por debajo en pruebas de laboratorio de casi todos los dominios ejecutivos (Demetriou y equipo, 2018), pruebas que no siempre reflejan cómo le va a alguien en su vida real, y que las personas con altas capacidades rinden por encima, específicamente en las pruebas ejecutivas (Arffa, 2007). Son promedios, no destinos. Pero en mi caso cuadran: quizás por las altas capacidades, algunas de mis funciones ejecutivas están muy desarrolladas; estoy llena de estructura por todos lados. Lo que en mí pide más trabajo es otra cosa: lo sensorial. Siento mucho. Y mi cerebro autista me exige coherencia y linealidad más que a la mayoría y puedo no tener tanta flexibilidad en varios temas. Ese es mi perfil. Yo no tengo TDAH. El de la persona con la que conviví era otro. Y ninguno de los dos era el "correcto".
El término 2e lo definí en la primera entrega; el masking, en la segunda; la interocepción y el burnout autista, en la tercera.
LO QUE SE VE
Trabajo con emprendedoras y con equipos. Muchas personas, cuando les mostrás cómo funciona un cerebro que procesa distinto, se reconocen. Y lo que veo se repite, en rubros que no tienen nada que ver entre sí, con una precisión que ya no me sorprende.
Una mujer brillante que se sienta a resolver una cosa y, a los cinco minutos, se dio cuenta de otra, frenó, y se fue a resolver esa otra, y de ahí a otra. Un árbol de pensamientos: se fue por la rama. Veinte cosas empezadas y ninguna terminada, y la sensación de que el problema es ella.
Una que cada pocos meses tira abajo su forma de organizarse y arranca con una app nueva, una libreta nueva, un método nuevo. Y le dice autoboicot.
Una que tiene la propuesta escrita hace un mes y no la manda porque le falta "un último retoque". Se bloquea en el "casi".
Una que abre la computadora "para responder un mail" y levanta la cabeza a las cuatro de la tarde: no comió, no se movió, no se acordó del mundo. Y a la noche está con el cerebro caliente.
Una que atiende "cuando puede", sin horario fijo, y cada vez que un cliente la busca y no la encuentra, se culpa por desorganizada.
Una que tiene una herramienta lista, probada, que le resolvería un problema, y pasan semanas sin usarla. Y no sabe bien por qué.
Una que abre la agenda y no sabe qué toca hoy, porque la tiene tan llena de bloques y colores que, en vez de ordenarla, la abruma.
Y lo que cada una dice de sí misma es siempre lo mismo: "no tengo disciplina". "Soy un desastre con los tiempos". "Estoy rota". "Me desbordo por nada". "Tengo todo en la cabeza y no sé por dónde arrancar".
Con la lupa de las seis canastas, todas esas frases se leen distinto. Activación: le cuesta empezar lo que no la entusiasma. Foco: se va por la rama, o no puede salir de donde entró. Esfuerzo: la energía inicial no llega al final. Emoción: la frustración desborda rápido. Memoria: lo que dijo que iba a hacer no se sostiene en la cabeza. Acción: no registra a tiempo lo que está pasando. Ninguna describe un carácter. Describen funciones. Y una función que no funciona, o funciona de otra forma, no se arregla con más culpa. Se compensa con otro mecanismo.
Una aclaración: estas dificultades no son exclusivas de las neurodivergencias. Aparecen con estrés sostenido, burnout, depresión, ansiedad, falta de sueño o sobrecarga.
LO QUE CUESTA
Lo primero que cuesta es el vocabulario. Cuando alguien me dice "yo funciono mal", la freno: no verbalices cosas que hacen daño. No funcionás mal; estás aprendiendo distinto, estás aprendiendo a entender cómo funcionás. Y no es un detalle de tono. Si yo me digo "estoy rota", el concepto de estar rota se vuelve el centro. Si me tengo que adaptar es porque no soy normal, porque no funciono bien, y entonces pongo distancia entre donde estoy y mi bienestar, porque estoy mirando el lugar equivocado. La vara con la que nos medimos es la que nos rompe.
Yo uso lentes y sin ellos no veo. Imaginate que me frustrara porque no veo, y me sacara los lentes para protestar, y dijera "ay, pero no veo", y me los volviera a poner, y me los volviera a sacar. Es lo mismo. Es aprender a vivir con cómo una es. No veo: listo, me pongo los lentes. Y en vez de quejarme de los lentes, me busco unos que sean parte de mi personalidad, y ando con lentes rojos por la vida.
Lo segundo que cuesta es entender de dónde viene la vara. No es que tu cerebro esté procesando la información de una forma equivocada. Es que el sistema actual está construido para cerebros que procesan distinto al tuyo. Para el cerebro, arrancar algo nuevo es más gratificante que sostener lo que ya está avanzado, y en el TDAH esa diferencia se acentúa. Por eso es mucho más divertido empezar de cero que seguir lo que ya arrancaste. Eso no es autoboicot: es biología pidiendo un mecanismo. Y el multitasking, que el mundo celebra, no es gratuito: saltar de un tema a otro consume energía. Lo sé porque lo hago, y después termino con el cerebro caliente.
Lo tercero que cuesta es dejar de juzgar, a los demás y a una misma. Yo también pensé esa frase sobre alguien, y era yo la que no entendía. Mi cerebro autista necesita mucha linealidad y mucha coherencia; me exige coherencia más que a la mayoría. Lo que para mí es una condición, para otro cerebro es una exigencia imposible. Y al revés: lo que a otro cerebro le sale solo, a mí me cuesta una energía que nadie ve. Ninguno de los dos está mal calibrado. Están calibrados distinto. Lo digo seguido en sesión, y me lo digo a mí: no es que no tenés enfoque. Es distinto enfoque.
Lo cuarto que cuesta es sostener el mecanismo. Acá viene la parte honesta: las herramientas no siempre se usan. Alguien tiene la herramienta lista y pasan semanas y no la usó. Lo que hago ahí no es reclamar. Pregunto: ¿qué sentís que fue el bloqueo? ¿Te olvidaste? ¿No te animaste? ¿No encontraste el tiempo? ¿No estaba listo? Cada respuesta es una función distinta y pide un mecanismo distinto. El olvido se resuelve con un recordatorio. El miedo no. Mezclarlos es la forma más rápida de volver al "soy una boluda". Y un mecanismo te va a funcionar y otros no: la idea es seguir probando, y a veces de uno sacás una idea, la unís con otro, y ahí encontraste el tuyo.
Y lo quinto, que me toca a mí: esta parte la traigo a todos lados y casi nunca la comparto. Mucho de esto lo aprendí sola, a fuerza de libros, podcasts y de no querer darme por vencida, porque la vida no podía ser esto. Después del diagnóstico, una terapeuta especializada en mi perfil me dio vocabulario y me ayudó a ajustar lo que ya sabía. Todo lo que comparto acá es parte de lo que aprendí para mí. Y si no tenés diagnóstico ni acceso a alguien que te acompañe, esto es para vos igual: nada de lo que sigue lo necesita.
LO QUE AYUDA
Lo que sigue son mecanismos que doy en consultoría y que uso yo, con las palabras con las que los doy. Ninguno necesita un diagnóstico. Todos parten de lo mismo: tu cerebro funciona diferente, punto. Ya está. Hay que juntar otro mecanismo. Y un sistema no está para que tengas todo mapeado y bajo control: está para que no te olvides de lo que importa. Si mantenerlo perfecto se vuelve una tarea más, se rompió el propósito. Y no pruebes todos: elegí uno. Solo uno.
Con el juicio:
1. Nombrá la función, no tu carácter. "Me cuesta empezar" en vez de "soy una vaga". "Me fui por la rama" en vez de "soy un desastre". "Me desbordo rápido" en vez de "soy una exagerada". No es suavizar: es ser exacta. Lo exacto se puede trabajar; lo otro solo se puede sufrir.
2. Conversá con tu cerebro. Esa habilidad se llama metacognición y se practica. Si te viene un número que te preocupa un martes, le decís: tranquilo, el viernes te atiendo. Y el viernes lo atendés. Los problemas de mañana se atienden mañana.
3. Guardate tus logros donde los puedas volver a escuchar. Yo me olvido de lo que logré; lo conté en la entrega 5. Un grupo de WhatsApp con vos sola que se llame "logros": cuando lograste algo, te mandás un audio contenta. El día que necesites recuperar esa sensación, te escuchás. Es una forma de darte la validación que a veces no viene de afuera.
Con el foco:
4. Volvé al tronco. Escribí el objetivo de lo que estás haciendo y dejalo a la vista. Cuando te encuentres resolviendo otra cosa (y te vas a encontrar), leelo y volvé. Todo lo que se te ocurre en el camino va a una guardería de ideas: un solo lugar, sin juicio y sin desarrollar. No se pierde y no te lleva por la rama. Yo escribo al iniciar la semana cómo se ve mi "Semana de paz", y a eso vuelvo cuando siento que me disperso.
5. Una tarea por vez, con modo avión. Timer de 30 minutos, celular en modo avión, no respondo mensajes, no miro redes. Suena el timer: mate, baño, estirar, y otro bloque. Bloques de hiperfoco de máximo dos horas, porque después de eso el cuerpo paga. Cada cambio de tarea tiene un costo en tiempo y en precisión, y está medido (Rubinstein, Meyer y Evans, 2001).
Con el tiempo:
6. Un horario fijo en vez de "a veces". "Los miércoles a las cinco" se puede cumplir; "a veces" no. Y no es solo una regla de negocio: es un plan si-entonces (si es miércoles a las cinco, entonces estoy ahí). Hay evidencia sólida de que definir el cuándo y el dónde aumenta la probabilidad de que la intención se convierta en acción (Gollwitzer y Sheeran, 2006). Es delegar en el entorno lo que las funciones ejecutivas tendrían que sostener solas.
7. Días temáticos, y defendé tu agenda. Un día para contenido, otros para producir o atender, uno para planificar y mirar los números. Saltar de tipo de tarea en el mismo día es lo que marea. Y cuando alguien te pide algo, sos vos la dueña de tu agenda: que los demás se adapten. "Yo los viernes estoy en casa planificando; si no planifico, el negocio se me desarma." Los límites te cuidan.
8. Que nada quede sin fecha, y que nada quede vencido. Toda tarea nace con fecha. Si no llegaste, no la dejás atrás: le asignás una nueva. Posponer a propósito no es fallar; es definir prioridades. Y cuando terminás algo, que desaparezca de la vista: esa sensación de hacer y que ya no esté es combustible.
9. Quince minutos por semana, con estructura. Un mismo momento, anclado a algo que ya hacés todos los días (el primer café, el agua del mate). Timer de quince minutos y tres preguntas: ¿qué hice? ¿qué tengo que hacer? ¿dónde estoy bloqueada? Cerrás lo hecho, agendás lo que viene, y para cada bloqueo pensás una solución chiquita o a quién pedirle ayuda. Suena el timer, listo. Si querés seguir, otra alarma. Sin alarma se te pasan tres horas.
Con la energía:
10. Conocé tu biología y no te culpes por ella. Si a tu cerebro lo enciende el arranque, usalo: dale cosas chiquitas para arrancar. Si estás en la parte del ciclo donde la energía baja, vas a estar más cansada, es normal. Si venís de una semana de mucha exposición, reducí lo sensorial y quedate en pijama. No es que no podés: es que le pediste a tu sistema nervioso más de lo que sostiene.
11. Estar sostenida. Alguien que te haga seguimiento: una amiga que te manda un mensaje los lunes, una sesión semanal, un sistema que te muestre qué toca hoy apenas entrás. No es debilidad. Es juntar el mecanismo desde afuera, que es exactamente lo que hace cualquier empresa que funciona.
A los demás:
1. Antes del "qué boludo", preguntate qué función ejecutiva está en juego. No para excusar: para dejar de pelear contra un fantasma y empezar a entender el problema real.
CIERRE
Aprendí qué son las funciones ejecutivas tratando de entender a otra persona, y terminé entendiendo mejor mi propia cabeza, y la de muchas mujeres que acompaño y quiero. Esa es la parte que no esperaba.
Lo que viví ya tuvo sentido: me enseñó a mirar mi propia cabeza con menos juicio. Compartirlo es algo que elijo por esto: ojalá haya una Lucía menos que pase por un problema menos de los que nadie se enteró, pero que yo viví.
Si hoy te estás juzgando por no funcionar como "corresponde", esto es lo que me gustaría que te quede: no hay un "corresponde". Hay tu perfil, hay la vara equivocada, y hay mecanismos.
Comparto lo que voy encontrando en el camino, por si a alguien más le sirve.
Luz
FUENTES
- Diamond, A. (2013). Executive functions. Annual Review of Psychology, 64, 135-168.
- Faraone, S. V., Banaschewski, T., Coghill, D. y otros (2021). The World Federation of ADHD International Consensus Statement: 208 evidence-based conclusions about the disorder. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 128, 789-818.
- Brown, T. E. (2005). Attention Deficit Disorder: The Unfocused Mind in Children and Adults. Yale University Press.
- Demetriou, E. A., Lampit, A., Quintana, D. S., Naismith, S. L., Song, Y. J. C., Pye, J. E., Hickie, I. y Guastella, A. J. (2018). Autism spectrum disorders: a meta-analysis of executive function. Molecular Psychiatry, 23(5), 1198-1204.
- Arffa, S. (2007). The relationship of intelligence to executive function and non-executive function measures in a sample of average, above average, and gifted youth. Archives of Clinical Neuropsychology, 22(8), 969-978.
- Rubinstein, J. S., Meyer, D. E. y Evans, J. E. (2001). Executive control of cognitive processes in task switching. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, 27(4), 763-797.
- Gollwitzer, P. M. y Sheeran, P. (2006). Implementation intentions and goal achievement: A meta-analysis of effects and processes. Advances in Experimental Social Psychology, 38, 69-119.