
Mi experiencia como mujer 2e. Entrega 4.
DEFINICIONES PRIMERO
Cinta de girasoles (Hidden Disabilities Sunflower): un cordón verde con girasoles que indica, sin necesidad de decir una palabra, que quien lo lleva tiene una discapacidad no visible y puede necesitar más tiempo, paciencia o apoyo. Nació en el aeropuerto de Gatwick, Londres, en mayo de 2016, diseñada junto a organizaciones de discapacidad. Hoy la reconocen más de 200 aeropuertos en el mundo, además de universidades, supermercados, hospitales y servicios de salud; el personal de las instituciones asociadas se capacita para reconocerla y saber cómo actuar. En nuestra región ya la adoptó, por ejemplo, el Aeropuerto de Carrasco en Montevideo, que además inauguró un Espacio de Calma libre de estímulos. El directorio completo de lugares asociados está en hdsunflower.com/es . La cinta se pide gratis en los mostradores de asistencia y no exige diagnóstico, certificado ni prueba alguna: si tenés una discapacidad no visible, con papel o sin papel, es para vos.
Discapacidad no visible: una condición que limita o modifica la interacción con el entorno pero no se ve a simple vista. El autismo es una de ellas: no hay nada en mi cara que muestre lo que a mi sistema nervioso le cuesta un aeropuerto.
Ajuste razonable: las modificaciones y adaptaciones necesarias y adecuadas para que una persona con discapacidad pueda participar en igualdad de condiciones, sin que impongan una carga desproporcionada o indebida. No es un favor ni un privilegio: es una figura de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006). En los aeropuertos suelen llamarle acomodación. Evitar una aglomeración o acceder a una sala de silencio pueden ser ajustes razonables: me permiten usar el aeropuerto en igualdad de condiciones y no le imponen carga a nadie. La fila avanza igual.
LO QUE SE VE
Una mujer con una cinta de girasoles que pasa por la zona preferencial de una fila enorme. Que no mira a los ojos. Que llora frente al oficial de migraciones mientras le toman los datos. Una mujer que "parece normal" usando un acceso que, para muchos, es para otra gente.
Y a veces lo que se ve es la otra escena: alguien del personal que mira la cinta y pregunta en voz alta por qué la necesito, yo, que parezco normal.
LO QUE CUESTA
Conocí la cinta después del diagnóstico, investigando acomodaciones para el aeropuerto de Buenos Aires. Ya había viajado en plena "regresión" (la conté en la entrega anterior) y llegué a sentirme muy abrumada: cada vez que pisaba un aeropuerto peor me sentía, menos aguantaba, menos masking hacía.
Y aclaro la diferencia, porque un aeropuerto abruma a cualquiera. La mayoría sale de la fila cansada y lo arregla un café. A mí el sistema me deja de responder: el llanto aparece solo, no me quedan energías ni para mirar a los ojos, y la recuperación no se mide en minutos sino en horas o días. No es más molestia que la tuya: es otra categoría de evento.
Y acá viene la parte que casi nadie cuenta: me daba vergüenza pedirla. Lo tuve que hablar en terapia. Sentía que yo, que iba a eventos, que me exponía con mucha gente, estaba exagerando por pedir una acomodación para evitar la fila y poder acceder a salas de silencio. Que estaba usando un sistema que no era para mí, que era para personas que "sufrían más". Tuve que trabajarlo para no sentirme un fraude por pedir y usar una acomodación que estaba ahí justo para mí, para ayudarme exactamente en esos momentos. Hasta el acto de acercarme al mostrador a pedirla me desregulaba.
La primera vez la pedí con vergüenza. Me atendieron muy bien. Y cuando me acerqué con la cinta a la zona preferencial de una mega fila de gente apretada y con mucho ruido, vieron la cinta y, sin preguntarme nada, me dejaron pasar de una manera muy amable. No tenía energías ni para mirar a los ojos. Recuerdo el alivio físico de salir de la aglomeración y el ruido.
Ese mismo viaje, en la cola de migraciones, con el sistema nervioso sobreestimulado, las lágrimas aparecieron frente a la persona que me tomaba los datos. Había pasado por esa situación decenas de veces sin ningún problema. O eso parecía: esas veces "sin problema" las pagaba con una moneda de masking que, como conté en la entrega anterior, se terminó. Mucha vergüenza, y tener que explicar que estaba bien, que solo estaba abrumada, que el llanto era la forma de mi sistema nervioso de regularse.
También descubrí un uso que no esperaba: cuando no estoy en modo social, que la gente se me acerque a hablarme me abruma. Bromeaba con hacerme una remera que dijera "soy autista, no me hables". La cinta termina siendo ese mensaje, en versión amable. Y dicho en serio: descubrí que el apoyo que más necesito, a veces, es que no me demanden interacción. La cinta lo comunica sin que tenga que gastar en explicaciones una energía que en ese momento no tengo.
La escena más dura que viví con la cinta fue esta. Estaba sola en un aeropuerto, después de dos días de eventos, totalmente abrumada, sin energía para ninguna interacción. La usé para atravesar el embarque sin quedar atrapada en la aglomeración que me estaba desregulando. La persona que me tenía que dejar pasar me preguntó qué era la cinta y por qué la necesitaba yo, que parecía normal. Y cuando pasó alguien trasladando a una persona en silla de ruedas, le dijo en voz alta: "llevate a esta, que parece que es discapacitada". Todo el esfuerzo que estaba haciendo para no entrar en meltdown se desvaneció ahí. No pude evitar el llanto. Tampoco tenía por qué evitarlo. Después la azafata, al ver que me sentía mal, me ofreció acompañamiento, y tuve que explicar de nuevo que solo estaba abrumada: era el llanto por acumulación que conté en la entrega 2.
Ese día entendí que la cinta funciona exactamente en la medida en que las personas que la ven saben lo que significa. Es un puente: si del otro lado no hay nadie capacitado, queda colgando en el aire. Y quien paga la diferencia es el sistema nervioso de quien la lleva.
Y una confesión: viajando con personas conocidas, hay momentos en los que no me he animado a ponérmela. Con desconocidos no me genera ningún movimiento pero con gente que me conoce (poco), todavía no siempre me animo. La máscara más difícil de soltar no es la de los extraños: es la de los que creen que ya te conocen. Esa vergüenza mía es el mismo estigma que este artículo intenta desarmar, funcionando adentro mío.
LO QUE AYUDA
A mí:
- Hablarlo en terapia para no sentirme un fraude. La frase que me ordenó: la acomodación está ahí justo para esos momentos, y usarla no le saca el lugar a nadie. Sé que la terapia cuesta dinero y no está al alcance de todas; todo lo que sigue de esta lista es gratis.
- Pedirla aunque dé vergüenza. La cinta es gratuita, se pide en los mostradores de asistencia de los lugares asociados y no piden diagnóstico, certificado ni ninguna prueba. Y no es solo para quien viaja: sirve igual en supermercados, hospitales, universidades y trámites de las instituciones adheridas (el directorio está en hdsunflower.com/es ). Si hoy no podés o no querés llevarla, también está bien: es una herramienta, no una obligación. También podes pedirla y tenerla guardada, y mostrarla sólo cuándo sentís que la necesitás verdaderamente.
- Mis herramientas de regulación de siempre, porque la cinta no reemplaza nada: cascos, ejercicios de respiración, salas de silencio cuando existen, y avisar lo mínimo indispensable ("estoy abrumada, necesito un momento") en vez de una explicación completa que no tengo energía para dar.
- Registrar el viaje y dar feedback a la institución. Si el personal respondió bien, decirlo. Si alguien no conocía el símbolo, reportarlo: las instituciones asociadas se comprometen a capacitar, y el feedback es lo que hace que la próxima persona con la cinta no pague lo que pagué yo.
A los demás:
- Sabé qué significa el girasol. Si trabajás en un lugar asociado al símbolo, pedí la capacitación; si viajás, simplemente recordalo: cordón verde con girasoles, discapacidad no visible, puede necesitar tiempo, paciencia o apoyo.
- No le pidas pruebas a quien "parece normal". ¿Puede alguien usarla de careta? Puede. Pero exigir certificados en cada mostrador castigaría a miles de personas que la necesitan para frenar a unos pocos, y lo que gana el tramposo (una fila más corta) es ridículo al lado de lo que cuesta la sospecha.
- Si alguien pide espacio, dale espacio. Aunque sea contraintuitivo, aunque el impulso sea acompañar y ayudar. A veces la mejor ayuda es correrse un rato.
- Si me ves llorando con la cinta puesta, no estoy en peligro. Preguntame qué necesito ("¿necesitás algo o te dejo tranquila?") y respetá la respuesta, sea cual sea.
CIERRE
Hago unos tres viajes por año. Hasta hoy, no vi a ninguna otra persona usando la cinta. Ni una. Sé que muchas no se animan, como yo al principio. Por eso me gustaría usarla siempre, aunque no siempre necesite sus beneficios: el autismo lo tengo siempre, los accesos los uso solo cuando mi sistema los necesita, y el símbolo puesto no le salta la fila a nadie. Cada cinta visible vuelve el símbolo más conocido para la siguiente persona que sí la necesite ese día. Espero que este ejercicio de exposición y vulnerabilidad me ayude a lograrlo.
Nada de esto lo tengo resuelto. Todavía me cuesta pedirla algunas veces, y todavía hay días en que el puente se cae. Lo escribo mientras lo atravieso, para entenderlo yo primero. Comparto lo que voy encontrando en el camino, por si a alguien más le sirve.
Luz
FUENTES
- Hidden Disabilities Sunflower. Historia oficial y directorio de aeropuertos y organizaciones asociadas: hdsunflower.com/es (consultado julio 2026). Programa lanzado en el aeropuerto de Gatwick, Londres, en mayo de 2016.
- Organización de las Naciones Unidas (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, artículo 2: definición de ajustes razonables.
- Aeropuerto Internacional de Carrasco. Incorporación al programa Hidden Disabilities Sunflower y Espacio de Calma: aeropuertodecarrasco.com.uy .